Por: Mauricio Araneda Reyes, MagĆster en Gestión de Personas en Organizaciones de la Universidad Alberto Hurtado. Licenciado en Ciencias de la IngenierĆa de la Pontificia Universidad Católica de ValparaĆso. Actualmente es director de Vinculación con el Medio y Proyectos de la Facultad de EconomĆa y Negocios de la UAH.
ĀæCuĆ”l es el futuro del crecimiento impulsado por la innovación? Ćsta es una de esas preguntas ineludibles para quienes estamos pensando en polĆticas pĆŗblicas orientadas hacia el crecimiento sustentable y sostenible. La interrogante, por cierto, la puso sobre la mesa el Ćŗltimo informe del Ćndice Mundial de Innovación 2022, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) que posicionó a Chile como lĆder en innovación en AmĆ©rica Latina y el Caribe. De hecho, es la Ćŗnica nación latinoamericana que estĆ” entre las 50 con mejores Ćndices en esta materia a nivel planetario, destacando dos variables que juegan a nuestro favor: buen ranking en la creación de nuevas empresas y en la matrĆcula en la Educación Superior.
Ćstas son buenas noticias para nuestro ecosistema de innovación y emprendimiento que nos deben, por supuesto, animar aĆŗn mĆ”s a buscar respuestas locales a la pregunta formulada por la OMPI. En el informe, el organismo (perteneciente a ONU) bosqueja la posibilidad de que se generen “dos nuevas oleadas de innovación”; una, como consecuencia de la era digital y la otra, por los avances en disciplinas tales como la biotecnologĆa y la nanotecnologĆa.
Particularmente interesante es la oleada previsible derivada de los avances de disciplinas cientĆficas pues, son precisamente, asegura el informe, las que estĆ”n “…cambiando por completo las innovaciones en cuatro campos de importancia clave para la sociedad: la salud, la alimentación, el medio ambiente y la movilidad”.
Y sin restarle valor alguno a aquella innovación que busca inyectar a la economĆa mayor productividad de los mercados, haciendo mĆ”s competitivas a las empresas, forjando nuevos modelos de negocio, lo cierto es que no es menos importante aquella innovación que busca soluciones nuevas, tanto a viejos problemas sociales que aquejan a la humanidad y que no han sido resueltos, como a nuevos problemas arrastrados por la insolvencia de la humanidad. De esto, precisamente, se trata la “Innovación social”, un concepto relativamente nuevo, cuya definición y alcance, por cierto, ha implicado debate. Recogemos en esta ocasión la definición de Cristian Geldes, acadĆ©mico de la Universidad Alberto Hurtado (UAH); Fabricio IbƔƱez, asistente Investigación UAH; y Goretti Cabaleiro, profesora asistente de la Universidad de Navarra, EspaƱa; publicada en su artĆculo “Innovación Social en Chile: una mirada desde la Empresa” (diciembre, 2019, Revista Gestión y Tendencia): “La innovación social puede considerarse como una solución alternativa a los fallos del Estado y del mercado, en Ć”reas como la pobreza, la desigualdad, el cambio climĆ”tico o los flujos migratorios, a travĆ©s de relaciones cooperativas y colaborativas entre agentes y redes de actores involucrados en la sociedad”.
En este paradigma aparece un tema central, que es la transferencia de la investigación universitaria hacia la sociedad hacia los asuntos acuciantes de la comunidad. La transferencia, la incidencia, a través de este instrumento que es la innovación social, es reconocer que la investigación multidisciplinaria puede cumplir un rol de efecto rÔpido y significativo en la solución de los problemas sociales como la pobreza, hambruna, cambio climÔtico, incluso la renovación de los espacios o la convivencia con la migración. Son temas claves en que las universidades pueden identificar mediante sus actividades de investigación y también de docencia, pues no olvidemos que las instituciones de Educación Superior son las que estÔn formando a los futuros profesionales como agentes de cambios en sus futuras organizaciones.
Este tipo de innovación conversa fluidamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que ONU incorporó en su ambiciosa Agenda 2030, en la que los paĆses miembros se comprometieron con 17 objetivos, entre ellos “erradicar la pobreza en todas sus formas” y “garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos y todas en todas las edades”.
Solo restan siete aƱos para dar cumplimiento a los ODS. Es imperativo mirar con otra óptica los desafĆos que tenemos, buscando otras formas de enfrentar los problemas de siempre con una perspectiva distinta, inscrita desde lo local a lo global. Poner la innovación social al servicio de la gestión pĆŗblica es una puerta que nos abre al crecimiento del paĆs con justicia social.




